Protección solar: ¿por qué las nubes no protegen del sol?

Muchos piensan que cuando el cielo está cubierto no se necesita protección solar. En realidad es un falso mito: incluso con nubes, los rayos UV siguen incidiendo en la piel. Por lo tanto, la protección solar sigue siendo fundamental todo el año, no solo en verano o en días de pleno sol. 

 

Los verdaderos responsables del daño solar son los rayos UV 

Comúnmente asociamos el daño del sol con el calor estival. En realidad, el calor que percibimos proviene principalmente de los rayos infrarrojos, que aumentan la temperatura pero no son los principales responsables de los daños cutáneos. 

Los daños en la piel son causados principalmente por: 

 

  • Rayos UVA: penetran profundamente y aceleran el envejecimiento cutáneo; 

  • Rayos UVB: responsables de las quemaduras solares 

Estos rayos están presentes todo el año, independientemente de la estación. Por ello, la protección solar no debe considerarse solo un producto de verano. 

 

Por qué las nubes no detienen realmente los rayos UV 

Las nubes están compuestas por vapor de agua y cristales de hielo. Pueden bloquear parte de la luz visible, pero no pueden filtrar completamente los rayos ultravioleta. El efecto de las nubes sobre la radiación UV depende de varios factores, como la densidad, el grosor de las nubes y el ángulo del sol. 

Las nubes absorben solo una parte de la radiación UV, pero si son nubes finas o fragmentadas, los rayos UV pasan y son reflejados por la superficie de las propias nubes. En algunos casos, las superficies de las nubes pueden incluso reflejar los rayos UV, aumentando la cantidad que llega a la piel. Los estudios indican que hasta el 80% de los rayos UV puede atravesar la capa de nubes. 

 

Las nubes no son un escudo eficaz contra los rayos UV. Incluso cuando el cielo está cubierto, la radiación puede llegar a la piel y causar daños con el tiempo. Por eso, la protección solar es importante todo el año, en invierno, en los paseos por la ciudad y en todas las ocasiones en que nos exponemos al sol, no solo en los días de verano o en la playa. Usarla con constancia es uno de los gestos más sencillos y concretos para proteger la piel a largo plazo. 

 

Fuentes

OMS, NOAA